20100817

II. Postales de Posmópolis

En Posmópolis no hay latitudes que señalen la ubicación de nuestra presencia física. Quizá la de nuestra ausencia. (Presencia. Ausencia. ¿Acaso esas categorías existen?).



En Posmópolis hay señales intermitentes (como la de aquellos coches varados a plena noche) que en ocasiones llegan a señalar las latitudes de nuestra existencia: la respiración de nuestra angustia, la liberación del orgasmo, la conversión hacia la muerte.




Posmópolis es una ciudad que llevo dentro, en el fondo del cuerpo, pero como el alma ¿dónde ubicarla?, ¿es acaso ello posible?, ¿es que Posmópolis realmente existe?





Posmópolis es una ciudad sin alma, pero es un lugar con cuerpo y carne. Cuerpo y carne dan lugar a momentos e instantes, es decir, a breves lapsos donde la escritura se asoma, dice algo, parece estar diciendo algo, pero lo único que dice es el tránsito (el decir) de su máscara.




He estado en Posmópolis. La he visto desnuda, la he visto sin esa máscara y apenas con un velo que deja percibir mínimamente su piel. No es una piel lisa, constante. Tiene relieves, arena, asfalto, tiene horas y eternidades que no llegan. He estado en Posmópolis, he estado en esa palabra. Me ha matado.




Posmópolis, Santísima Posmópolis.

20100812

Postales de Posmópolis


En Posmópolis, la industria porno está conformada por 2 familias integradas por actrices, directores, guionistas y teóricos y académicos universitarios.


En Posmópolis, la cancha del Atlético Posmópolis se localiza en el pozo más hondo del Centro Hundido. La profundidad, entonces, atraganta el júbilo, el folclore. La única señal de vida posible es cuando, de vez en vez, una bandera del estadio se desprende del asta y vuelva por los aires.


En Posmópolis el único sindicato organizado y con una base sólida y leal es el Sindicato del Ocio y del Tiempo Libre.


En Posmópolis, al centro de la plaza del Centro Hundido, hay una gran pluma que contiene, en su interior, tinta seca, milenaria, único rastro y testigo viviente de los fundadores de la Posmo.


En Posmópolis, el Ministro del Sector Químico y la Embajadora de Posmópolis observan la ciudad desde uno de los pocos sitios con vista panorámica: el Panóptico.


En Posmópolis se disimulan las enfermedades físicas, pero éstas resultan evidentes en la escritura.


En el diccionario real de Posmópolis el único nombre propio es: Escritura.


En Posmópolis, la palabra que introdujo la contaminación fue Amor.


Nadie ha estado en Posmópolis. ¿Es que acaso eso existe?


Posmópolis, Santísima Posmópolis.

20100809

Ciudad textual


Frente al espacio vacío que tendría que significar y fecundar, el General Eduardo Ramírez Pedrajo indicó al Ejército Revolucionario y Poético apresurar el paso hacia la conquista de lo que después sería la Posmo.


El Ejército, antes de emprender el viaje definitivo hacia la conquista, contempló el panorama. Entre ambos mediaba un abismo: una ciudad textual con ríos como renglones que se estrellan en la nada.


20100804

Los actos del instinto, los deseos desenmascarados y una existencia que sin máscara horroriza.


El Secretario del Ministro Químico me becó para vivir durante un tiempo en La Posmo. El objetivo de mi investigación era develar si la obra literaria del Escritor Sin Cabeza contenía sustancias mutagénicas. Al ir a la Biblioteca Estatal de Posmópolis, ubicada en las cercanías del Centro Hundido, me dijeron que no tenían conocimiento de la obra literaria del Escritor sin Cabeza y, por lo tanto, si ésta contenía sustancias mutagénicas.


Me perdí entre los callejones hundidos, empedrados y llenos de baches del Centro Hundido de la Posmo. En la plaza, a un lado del karaoke y del asta bandera erguida pero vacía, sin sustento que ondear por el aire, encontré al Escritor sin Cabeza. La gente le aplaudía, lo ovacionaba aunque también había algunos que le repudiaban: no se dedicaba a escribir, solamente operaba las palabras.


Sin importarle la economía del ruido, El Escritor sin Cabeza abrió con un bisturí el cuerpo de una de las palabras físicas. Entendí el por qué de la ovación y del repudio: al abrir en partes las palabras la operación arrojaba una evidencia: que en el interior de las palabras están los actos del instinto, los deseos desenmascarados y una existencia que sin máscara (sin palabra) horroriza.


20100803

Posmópolis es un texto para la muerte.


El Escritor sin Cabeza emprendió un viaje hacia las llanuras de Posmópolis, no sin antes rodear el altiplano y mojar sus pies con el agua santa de la Costa de Posmópolis.


Cada vez que el Escritor sin Cabeza emprendía un viaje hacia las llanuras de Posmópolis, su deseo era claro y a la vez obtuso: traer a la Posmo palabras físicas.


La claridad residía en el propósito del viaje: recoger y llevar palabras físicas: el verbo es puro. Lo obtuso consistía en qué nos dirían esas palabras: el adjetivo es equívoco.


Al retornar a la Posmo, El Escritor sin Cabeza sacó de su bolsillo una serie de palabras físicas: entre ellas estaba la palabra "Muerte".


El Escritor sin Cabeza sembró la palabra. La cultivó. La bordó lo suficiente para que ésta no se desperdigara entre los textos, pero que sí se vertiera entre las corrientes de los renglones, de los párrafos, de los puños y memoria de los lectores y escritores de la Posmo.


Así, la palabra con cuerpo (cuerpo maldito, cuerpo bendito) contagió a quienes habitaban la Posmo.


Pese a que es texto, pese a que es palabra y que no es carne (aunque hayan palabras que encarnan) la palabra física, la palabra muerte, borró la frontera entre realidad y ficción: en ambas categorías el origen, trayecto y final, lo marca esa palabra: Muerte.


En Posmópolis somos textos para la muerte.

20100802

Posmópolis: la palabra en sí misma.


En Posmópolis todas las calles van hacia el centro hundido porque transitar en la ciudad tienen un sentido: circular hacia la palabra.


En Posmópolis el centro hundido es el lugar de la palabra.


En Posmópolis vamos hacia la palabra: una palabra que vivimos, pero que desconocemos, presente por su ausencia, única por su contaminación de imágenes.


En Posmópolis una de esas palabras es la angustia. Tal angostura, al transitar y caminar en el centro hundido de La Posmo, un respiro y sólo breve porque la libertad, en Posmópolis, es metafísica, es la muerte en sí misma.


Posmópolis, Santísima Posmópolis.