20100329

Cruza el desierto y yo cruzaré los dedos.

Monseñor Solís levantó las manos en señal de oración y dijo: "oremos juntos, vayamos en paz y empós del amor que el tiempo es obra vital y la carne es aprehensible... Y por las siglas de los siglos: amen". Cada vez que Monseñor Solís concluía la realización del rito con esas palabras, nosotros decíamos: "Y Posmópolis, Santísima Posmópolis".

Salí del lugar donde cada mañana concertábamos el rito: el cráter del Centro Hundido de la ciudad. Ahí el sonido proveniente del campanario, nos avisa que todavía hay tiempo, que la prisa es palabra de los bárbaros y no de los amantes, que incluso hoy volverá a ganar el amor y que Posmópolis saldrá triunfante en su cualidad de heroica.

Yo tracé mi destino. Entonces me encaminé al desierto. Entonces crucé los dedos.

Caminé hacia el sur por el Eje Central de Posmópolis. Caminé, caminé, caminé. Aunque me llevara todo el día tenía en claro a dónde ir: el desierto, a nuestro encuentro porque recuerda: cruza el desierto y yo cruzaré los dedos y así se cumplirán nuestros deseos. Cruza el desierto y yo cruzaré los dedos y entonces lo que antes era un espejismo, un lugar imaginario, arrinconado al filo de la subsistencia y de lo más básico, se torna en vitalidad: furor de la noche, fulgor de mis deseos, de mi boca y de mi lenguaje cuando el destinatario eres vos.

Y Posmópolis, Santísima Posmópolis.

20100327

Cruzo el desierto.

Monseñor Solís levantó las manos en señal de oración. Su voz sonaba frágil, como yo. Y dijo:

“(...) por las siglas de los siglos: amen”.

Salí de la ceremonia religiosa, del lugar donde cada día a primera hora nos congregamos para concertar el rito: que Posmópolis salga triunfante. Ese día ganó Posmópolis, pero era una victoria especial, traída de ultramar, allá a lo lejos donde sólo habitan los desiertos. Entonces recorrí las calles del centro hundido con vos, buscamos un árbol que nos diera sombra y luz. Buscaba una frase para vos, palabras que embonaran para vos: tu oído, en la sombra cerca de tu nariz y en la luminosidad cuando me dices “Oye...”. En el árbol de Posmópolis, encontré la frase, esa frase para vos: Gana el Amor.

20100323

Nosotros: El Mostro (izq.) y El Muchacho de los Ojos Tristes (der.)



Al desembarcar en el Puerto de Posmópolis, el Mostro y el Muchacho decidieron separarse:

-Nos veremos en los 15 años de Posmópolis.
-Ese día me encargaré de tomar las fotografías de la quinceañera.
-¿Quién será la quinceañera?
-Rakel Bi Gorra...
-"Sombra, mísero fantasma..."
-Así la llamó el Escritor sin Cabeza en aquella película porno, en la escena de la cabaña.
-Después nos reencontraremos cuando Rakel Bi Gorra presente su tesis en la Universidad de Posmópolis.
-Luego nos volveremos a ver cuando Rakel Bi Gorra conquiste con el General Eduardo Ramírez Pedrajo (ERP)las tabernas de la ciudad.
-Posmópolis caerá rendida...
-Posmópolis será tres veces heróica...
-Nos veremos también en su funeral.
-Y como Posmópolis, Rakel Bi Gorra será tres veces heróica.
-Por lo tanto nos veremos en sus mil y una resurrecciones.

El Mostro y el Muchacho de los Ojos Tristes pactaron reencontrarse en cada fecha conmemorativa de Rakel Bi Gorra y: documentar, registrar, acotar, editar, redactar, narrar y publicar el acontecimiento: los quince años, su primera vez, sus bodas de plata o el día que dio a luz.

El Mostro y el Muchacho de los Ojos Tristes agregaron: el primero que muera, pierde. El que sobreviva, gana. Gana el amor del mito originario de Posmópolis, es decir: gana el amor de la herida, la fisura, esa abertura hacia donde convergen todas nuestras historias.

Santísima...

20100322

Yo: Escritor sin Cabeza

No tengo cabeza y alguna que otra extremidad funcional, pero hoy, esta noche, entre tú y yo, entre yo y vos, las palabras embonan: en sí mismas y por sí solas bajo el signo de un único y hermoso automatismo. Esta noche nuestra palabra encaja:San-tísima.

20100320

Del Escritor sin Cabeza para Rakel Bi Gorra

"Rakel Bi-Gorra: sombra, mísero fantasma."

Yo: Rakel Bi-Gorra (RKGB)

Soy el primer reflejo de Posmópolis: aquél pensamiento que cada posmopolita busca inmediatamente al despertar.

Soy la alarma que los trae de vuelta al mundo.

Soy el deseo impreso en la portada de la revista donde se ve lo único que se conoce de mí: aquella toma close up de la parte frontal de mi tanga mientras un dedo (el dedo con el que te acaricio la mejilla para que te despiertes) se desliza hacia el interior de mi ropa interior.

(Y Posmópolis, Santísima Posmópolis)

20100317

Obstacle V: Del Centro a la X y la X es el Amor

Tocó tierra, quemó las naves, nombró las cosas menos una. La cosa aún sin nombrar era casi una nada, apenas imperceptible, ambulante. Se dilataba al cruzar el puente, al atravesar el desierto, al aspirar a una existencia infinitamente finita.

Cuando nombramos las cosas lo hacemos para que éstas tengan su peso y que la sensación encarne en la palabra física. El Muchacho de los Ojos Tristes despejó la X y en su lugar puso el Amor: "esa palabra".

El peso de la palabra llenó su boca y en ocasiones su estómago. No era su virtud, tampoco exceso, ni cuestión absoluta, pero tampoco relativa. Oscilante, pendular, inasible. Como él. Pero tenía cuerpo, cuerpo agujerado. Como él mismo. Pero de algún rincón, bajo alguna extraña fórmula, sacaba fuerzas y lograba sostenerse en su lugar.

El Muchacho de los Ojos Tristes le encontró acompañante a "esa palabra": Vos. Esa palabra es para vos: Tú.





(Y Posmópolis, Santísima Posmópolis).

20100311

Obstacle IV: en el Fuego a la X

El Mostro y el Muchacho de los Ojos Tristes llevaban el fuego. Navegaban en el océano. Nunca los revueltas del mar habían sido tan luminosas. Cerca, como un zoom, en el borde de la X, conocieron el primer acto de justicia y de amor con el que fundarían la futura ciudad: era necesario recuperar el nombre y la memoria, despejar la X y escribir el nombre al otro lado del signo para dar fe al acto: Posmópolis, Posmópolis, Posmópolis.

20100310

Obstacle III: Del Fuego a la X

Iban en el barco el Mostro y el Muchacho de los Ojos Tristes. Marea baja. Alta marea. Anuncios de ruido: no eran las sábanas con las que nos cubríamos uno encima del otro. Eran olas. Marea baja. Alta marea. Batallas de piratas textuales en las orillas del océano. Sin avistamiento de la tierra: No hacía falta. No había prisa.

El Mostro y el Muchacho de los Ojos Tristes hicieron un ligero retorno y desobedecieron a la brújula ancestral que tomaron del escote del Divine. Izaron las banderas. Inventaron el cántico de guerra ("Posmópolis, Santísima Posmópolis), y en la proa del barco sintieron, al menos en la brevedad del lapso, su primera certeza: tenían que volver a las cercanías del punto de partida: era necesario llevar el fuego a Posmópolis: el amor ilumina ahí donde arde.

Obstacle II: Del Centro a la X

El trayecto del Centro a la X que realizaron el Mostro y el Muchacho de los Ojos Tristes fue interminable como infinitas fueron las palabras el día que el Escritor sin Cabeza aprendió a escribir.

Discursar.

El trayecto fue un discurrir sobre aquel agujero que un día el Mostro y el Muchacho de los Ojos Tristes encontraron en la hoja de una agenda. A ese agujero lo llamaron la X, la X de Posmópolis: el destino inalcanzable, el final en el que nunca aterrizaron.

La X, sin embargo, no era la conclusión.

La X, en su estado de indefinición, representaba la apertura hacia cualquier cosa: fantasmas, el amor, palabras infinitas, menos la tierra porque nuestra casa es el exilio, los circos, los locos y verdaderos que no escriben ni toman notas. Apuntan.

El recorrido era en barco. Y a bordo bebidas embriagantes. Marea alta. Marea baja. Alertas de icebergs o guerras en las orillas del océano. Piratas textuales. Fantasmas textuales. Amores reales. Brevedad. Alta suciedad. Mucha intensidad. Éramos el blanco del peligro.

No había motivo para llegar a tierra. Al menos no había prisa.

Y Posmópolis, a ti me entrego, Santísima, inalcanzable, Posmópolis.

20100309

Obstacle I: aquí y ahora empieza Posmópolis.

Antes de partir rumbo a Posmópolis, el Muchacho de los Ojos Tristes y el Mostro recordaron a los sabios de su ciudad de origen (hoy desaparecida) Posmohuacán La Verdadera:

ERP, general del Ejército Revolucionario y Poético quien posteriormente los alcanzó en Posmópolis para arrebatarles las llaves de las tabernas al haber derrotado al Ejército del Augurio.

Monseñor Solís quien también los alcanzó en Posmópolis y ahí, cada vez que quería anunciar la buena nueva de Rakel Bi Gorra (RKGB), alzaba las manos en señal de oración. En ese justo instante el Muchacho de los Ojos Tristes y el Mostro salían debajo de la tarima con sendas cornetas y matracas.

Rakel Bi Gorra (RKGB): mito fundador y originario de Posmópolis.

Divine: el trasvesti de la barra del bar al que acudían frecuentemente. Cerca del Centro Hundido de Posmópolis hay un monumento a Divine amamantando al Muchacho de los Ojos Tristes y al Mostro.

Después de rememorar a los sabios de Posmohuacán La Verdadera, el Muchacho de los Ojos Tristes y el Mostro tomaron sus respectivas back-packs donde guardaban el futuro bien supremo de Posmópolis: instructivos borrosos de escritura ligera. Crearon el fuego. Encendieron las antorchas. Conocieron la potencia demoledora de un hueso sobre la fragilidad del texto. Tendieron sobre el piso un mantel. El Mostro señaló el punto de partida con un círculo. El Muchacho de los Ojos Tristes marcó la ruta:

"Del Centro a la X".

Entonces, los antes mudos dijeron las primeras palabras habladas de su vida: "Posmópolis, Santísima Posmópolis".

20100308

Comentario al Margen

Si usted es ajeno o nuevo en Posmópolis (o incluso ya tiene tiempo habitando o paseándose por aquí) y tiene un gran deseo de que le resumamos nuestras máximas, lo sentimos: ello no es posible.

Sin embargo tenemos una forma bastante didáctica para que usted nos comprenda en menos de 15 minutos: escuche y vea lo siguiente:

http://www.youtube.com/watch?v=5fUT2eTCMBA

y

http://www.youtube.com/watch?v=z7oNPLOEq8U

y

http://www.youtube.com/watch?v=alG12naVeoo

Suerte.
Atte: Los Editores.