20100705

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No tiene que ver conmigo, es decir, no iría a un concierto suyo ni lo detendría en la calle para saludarlo, pero hay canciones (y no himnos) que me saltan al oído en ocasiones. No son himnos porque pasan los años y éstos perduran, atraviesan las etapas, brincan las formas que adopta la memoria. Pero son canciones que indican atmósferas, es decir, son canciones con las que te recuerdo de otra forma: alegremente.

Recuerdo el humo. El ruido. El alcohol. Los nuevos amigos. Me sentía en familia. Eras tú. Me atrevía a bailar y a ver como, pese a la etiqueta social del elitismo, incluso en los mejores lugares todos terminamos siendo los mismos: borrachos, desarreglados, los zapatos en vez de los tenis y el alcohol el único remedio.

Me has dado tanto. Incluso alegría, algo no común en mí.

En mi biografía las separaciones (esa serie de múltiples adioses) son franjas que marcan dolor, un momento de ebullición. Desde niño y en todas las planicies de mi vida. Esta canción me indica y me recuerda la alegría a tu lado. Me mantienes vivo. No te preocupes: estoy pensando. Estoy al lado del camino buscando palabras y sonidos para que la suma de ti sea ello que me hace tanto bien: la alegría.





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