20090903

Máximas de Posmópolis

Máxima Número 2666.- En Posmópolis la Luz es Absoluta.

Íbamos rumbo al Barranco de la ciudad. Después de algún tiempo imposible de cuantificar teníamos el plan perfecto para saltar desde el despeñadero rumbo al Fin de Posmópolis: el fin del verbo. Al llegar al borde se nos olvidó cómo saltar. Recuerdo que ese día no llevabamos paracaídas. Quizá era parte del plan. No sé qué fue lo que nos pasó: ¿por qué no saltamos?

La respuesta, pienso, está en la escritura: estar frente la hoja en blanco (como estar frente al barranco) y tener (en la mente, en la corazón, en los órganos) la descripción precisa del personaje: Rakel Bigorra. Y al poseerla: soltarla, dejarla ir. Quizá el fin del mundo (de Posmópolis, del verbo) sea igual a preferir la simplicidad del tiempo y de la vida: detenerse, desnudarse y estar así: sin nada para este mundo y el resto para el olvido.

Y Posmópolis, Santísima Posmópolis.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Encontrarse desnudo frente la hoja, frente el barranco, o frente la cama deshecha y abandonarse, dejar su cuerpo imprimirse sobre las sábanas arrugadas, sobre el papel, las palabras enterradas muy profundas bajo las caricias...

baisers...

4ine

Espérame en Siberia dijo...

Raquel Bigorra, jajajajajaja.

Bueno, y ya poniéndome seria, tu texto me recordó a aquella frase de Einstein que rezaba así: "Las mentes son como los paracaídas: sólo abiertas sirven."

Muá.

perro dijo...

Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos. Ese es mi pueblo.

francisco pavanetto dijo...

el blanco de la hoja virgen sera pues el blanco más angustiante sobre la tierra.

I me mine dijo...

santísima posmópolis